Historias en "La tienda sueca"
Published by pototo peregil under mirillas on 14:51Es difícil el oficio de amanuense. Especialmente por dos motivos: Hoy ya no se estila y la gente no sabe que lo soy. El primero no creo que se pueda solventar. El segundo espero salvarlo por medio de ustedes. Me explico.
Si ustedes corren la voz de que hay una persona por el mundo dispuesto a transcribir aquello que quieran decir, a lo mejor un día alguien se anima a hacerlo en cuanto yo le pregunte. Pues les aseguro que no todos a los que paras, y les pides que te haga un dictado, están dispuestos a hacerlo. Y si no, ¿Por qué creen que he tardado tanto en colgar mi primera instantánea? Seguro que algunos de los que han entrado en este blog han pensado que era por pura pereza (ya saben eso de se cree el ladrón que todos son…), pero no. Simplemente es muy difícil que te hagan caso si no te conocen.
Llevo una semana con mi nuevo cuaderno de amanuense parando a diestro y siniestro a personas para que me dicten algo. Y no ha habido manera. Pero hace un momento me he encontrado con una.
Es una amiga, más bien una conocida, que trabaja en la zona infantil del Ikea (a partir de ahora la llamaré para no hacer publicidad gratuita la tienda sueca, la sueca para abreviar).
Me la he encontrado al cruzar la plaza con iglesia donde está mi portal, y que en estos días está atestada de puestos de artesanía y gente. Me he dado de bruces con ella al salir de la panadería. Iba con el cuaderno en la mano y el pan debajo del brazo.
– ¿Y eso? – me ha dicho señalando el cuaderno – Yo pensaba que lo tuyo era la fotografía.
– Buenas Marta. Un cuaderno, estoy cambiando de oficio.
Le he explicado brevemente mi propósito de convertirme en amanuense profesional y se ha ofrecido a ser mi primera dictora (que no dictadora).
Copio sus palabras:
“No te vas a creer lo que me ha pasado esta mañana, pero es verdad. Sabes que trabajo en la zona de niños de la sueca (puesto que todavía no soy amanuense profesional no sé si está bien cambiar alguna palabra de lo que dicen mis dictores pero lo hago por no hacer publicidad gratuita), en la guardería de los consumistas como me gusta decir a mí. ¿Sabes que hay padres que nos dejan allí a los niños toda la mañana, mientras ellos se van de compras por todo el complejo comercial?
En fin a lo que iba. Esta mañana ha llegado una mujer gorda (perdonar la insensibilidad de mi amiga) todo estresada preguntándome si teníamos a su nieta. Parecía una loca mendiga de esas de las películas americanas, pero un poco más arreglada y con el carro lleno de cosas de la tienda sueca. Nos hemos enfrascado en una conversación de besugos que no llevaba a ningún sitio. Gracias a un hombre que venia con ella, pero que al parecer no la conocía de nada, me he enterado de que, supuestamente, la mujer había traído a su nieta al complejo comercial pero no se acordaba donde la había dejado. He perdido otros diez minutos para hacerle ver que sin las tarjetas que damos cuando nos dan a un niño, no hay manera de saber si lo han dejado allí o no. Ya, ya. Ya sé que está muy mal hecho el sistema de entrega de niños pero es el que hay.
Por fin la mujer se ha acordado de la ficha. Es una especie de llavero redondo y grande, pero sin llave. La señora lo ha sacado extasiada diciendo que ella pensaba que era del carrefour. El hombre que venia con ella, y no tenía nada que ver, me lo ha acercado pues yo estaba al otro lado del mostrador por el que nos pasan a los niños”.
(Hago un paréntesis para explicaros como es el sitio. Es como un stand de atención al cliente pero con una salón de juegos para niños. A estos se les pasa por encima de un mostrador, se les pone una etiqueta y te entregan una ficha. Sigo con el dictado de mi amiga).
“Me he ido a buscar a la niña y, en cuanto la mujer nos ha visto desde el otro lado del mostrador, se ha puesto a gritar mi nombre y a intentar saltarlo. Yo casi salgo corriendo pero la niña se me ha escapado y me daba miedo que la cogiera aquella señora.
Luego resulta que la niña se llama Marta, como yo, por eso gritaba mi nombre la mujer. Eso me lo ha contado la señora después. Y también como se ha olvidado de su nieta.
Se conoce que la señora estaba muy preocupada con un montón de cosas. Había dejado a la niña a primera hora en la tienda sueca para que no se aburriera durante las compras en el supermercado. Y a partir de ahí le había pasado de todo a la pobre mujer.
En cuanto ha dejado a la niña ha decidido romper la hucha de imprevistos, no mucho al parecer, y preparar unas fiestas de navidad como dios manda. Al parecer la mujer es viuda y vive con su hija soltera y su nieta. Ya sabes de esas mujeres trabajadoras, con una mísera pensión de viudedad, una hija que apenas cobra setecientos euros y una nieta que se come casi todo el dinero que entra. Aun así no quería pasar los reyes sin regalos.
Después de dejar a la niña ha ido a casa a coger los ahorrillos y al salir de casa casi la roban el bolso: el primer susto. Se conoce que con el agobio al comprobar el contenido del bolso se le cayó el monedero en el coche y al ir a pagar en el carrefour no lo encontraba. La señora ha pensado que se lo habían robado en el carrefour, pues cuando ha comprobado el bolso depues del primer robo, ahí estaba. Esta vez dice que ya no ha podido aguantar el llanto y acordarse de lo tristes que son estos dias para ella. Al parecer para estas fechas murió su esposo y su única hermana. Agobiada con todo, y esos pensamientos, se ha ido hasta el coche y ha llorado de alegría cuando ha encontrado el monedero debajo del asiento. En fin que, con ese par de sustos encima, la mujer se ha concetrado únicamente en lo que tenía que hacer. Así no me extraña que se olvidara de la niña.
Dice que cuando ha olido la planta que había comprado, un regalo de Reyes para la niña, se ha acordado de que la había perdido pero no sabía donde. Y así con el carro de la sueca lleno se ha ido a buscarla por todos los sitios donde había estado, incluso hasta su casa. El carro lo ha dejado donde estaba aparcado el coche y, milagros de estas fechas, cuando ha vuelto desconsolada de su casa sin la nieta, ahí estaba. Nadie se lo había llevado. Se ha alegrado, pero poco pues no se acordaba donde podía estar la niña. Esas cosas que nos pasa cuando estamos tan preocupados, que se nos olvida cualquier cosa. No me extraña, yo cuando la vi estaba en un estado de shock que ni te imaginas.
A todo esto mientras la mujer estaba alterada contándonoslo todo, la niña, de apenas cinco años, ha cogido la planta, ha tirado del vestido a la abuela y le ha dicho:
“¿Este es mi regalo de reyes?”
Se conoce que la niña ha oído decir a la abuela lo de los regalos durante la historia y a ésta no se le ha ocurrido decir otra cosa que sí.
La niña se ha quedado tan confundida con el regalo de reyes en la mano el día de los santos inocentes que no sabía que decir. Aunque seguro que le ha dado tiempo a pensar, pues cuando nos hemos querido dar cuenta estaba llorando desconsoladamente.
La abuela la ha abrazado tan fuerte que he pensado que entre el llanto y los abrazos la iba a asfixiar. No paraba de decirle que la perdonara, que ella no se había olvidado a posta de ella, en fin millones de cosas para que la nieta no llorara. El cuadro era realmente espantoso.
Pero de repente la niña ha sacado la cabeza de entre los pechos y los brazos de la mujer gorda y ha gritado.
– ¡Así que Jacinto, – se conoce que Jacinto es su hermano mayor– lleva razón! Los Reyes Magos no existen.
Todos nos hemos quedado sorprendidos, hasta el hombre que iba con la mujer gorda y no tenía nada que ver, no sólo por el grito, sino por que la niña ha dejado inmediatamente de llorar. Lo que a mí me ha llamado más la atención es que en ese instante la señora parece como si hubiera despertado. Ya no lloraba, ni estaba alterada. Ni nada por el estilo. Ha soltado un poco a la niña. Le ha limpiado la cara como sólo lo hacen las abuelas y le ha dicho:
– Ya sabes que Jacinto a veces es un poco bicho – la niña asentía. – Y a veces dice las cosas para hacer daño.
– Ya pero Jacinto nunca miente. – Le ha dicho la pobre niña.
Yo no sabía como iba a salir de esta la señora. O ponía de mentiroso al hermano o desilusionaba a la niña. Pero ha tenido aplomo para no mentir.
– No y lleva razón: los reyes magos, a veces, los sustituimos los padres y abuelos. Pero tú sabes que Santa Claus si es de verdad. Le vistes el otro día, ¿no?
La niña solo asentía y sonreía. Se había olvidado de todo. Pero cuando la mujer, ahora más tranquila, se ha entretenido un poco más de la cuenta dándonos las gracias, la niña le ha vuelto a coger del vestido y le ha dicho:
– Yaya, yo me lo he pasado muy bien aquí.
– Y yo niña. Y yo.
Daba gusto verlas a las dos de la mano salir por la entrada del Ikea.”
La verdad es que para ser mi primer dictado he tenido suerte (gracias Marta) casi podría ser un cuento de Navidad. Salvo por lo de la sueca. ¿De verdad creéis que en una tienda de esas se puede encontrar una historia de Navidad? Y esa mujer obesa, ¿a qué se refiere con eso de una Navidad como dios manda? Y esa manera de olvidar las cosas, ¿no será un sintoma de alzheimer o demancia senil? En fin que espero tener la fortuna de encontrármela un día a ver que me cuenta.
1 comentarios:
Hola JA
Me pediste que leyera tu relato y aquí estoy. Mi opinión: me ha gustado. Una crítica constructiva: deberias de agilizar tu estilo, a veces es un poco pesado aunque se deja leer. Una crítica destructiva: Ponte a escribir una novela y acabala.
Un recuerdo: Me alegro de haberte conocido.
Un abrazo
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