Falsa alarma
Published by pototo peregil under Fuera de cuadro on 12:45Hoy casi me he sentido un verdadero amanuense, como los de la Edad Media. Y no es por que haya hecho mi segunda instantánea con mallas y volantes (no sé por que me imagino así a los amanuenses de la edad media, reminiscencia de las películas americanas imagino) sino por que he hecho mi primer trabajo para la Iglesia. No os vayáis a creer que he copiado un manuscrito antiguo (más quisiera pero aun no soy tan profesional), o me han encargado escribir alguna bula episcopal, papal o lo que sea. Me he sentido como un amanuense por que mi dictor (que no dictador) ha sido un hombre de dios: un cura.
Cómo ya sabéis vivo en una plaza con iglesia. Una parroquia pequeña de ladrillo visto y que no debe tener mucho más de cien años. La torre tiene cuatro campanas pequeñas (yo prefiero una, o dos, pero grandes como la de mi pueblo) bastante molestas, pues su replicar es un poco… como decirlo… un poco afeminado. Y perdonar por el sexismo de mi comentario. No es que me desagraden las cosas dulces, ni las mujeres, pero cuando se trata de campanas, o de gritos, prefiero algo más rudo, más violento por decirlo de alguna manera. Campanazos rotundos, como el sonido del clamor de un hombre. Me parece más eficaz o sino atreveros a insensibilizaros ante el rugido de un león.
A lo que iba el cura de esta iglesia es nuevo (no es que lo sepa porque yo sea parroquiano, sino por que a veces es inevitable no escuchar chismorreos de los vecinos) y, al parecer, no ha caído de pie como se suele decir. Alberto, que es como se llama el cura, se conoce que me vio el otro día copiando las palabras de mi amiga Marta (gracias de nuevo Marta por tu dictado) y hoy me ha parado cuando pasaba por delante de la iglesia. Es uno de esos curas, no se si hay más, a los que les gusta recibir a sus parroquianos en la puerta de la Iglesia con un saludo. Estaba a punto de oficiar y no se ha entretenido mucho para decirme que quería.
— Buenas disculpa, puedo hablar contigo un minuto.
Tras una semana buscando mi primer dictor y más de tres días a la espera de una segunda alma caritativa, me ha extrañado que este hombre pronunciara esas palabras. Eran exactamente las mismas con las que intento parar a la gente, con las que espero que me hagan algo de caso. He hecho caso omiso a las ideas que siempre me asaltan cuando me para un hombre de dios (ya sea católico, testigo de Jehová, musulmán, mormón, hare, un vagabundo iluminado o lo que sea). Me producen cierto temor su ferviente convencimiento e iniciar una charla con ellos, pues suelen ser el comienzo de una infinita (e inútil en el mejor sentido de la palabra) conversación. Sé que esto me pasa por que yo, a mi manera, también soy un acalorado creyente. Ya sabéis dos no discuten si…
— Si, por su puesto padre. ¿Dígame?
Aunque no soy católico, sigo conservando las normas que aprendí cuando era pequeño y si lo era.
— Muy rápido, pues tengo que irme a oficiar. Ayer te vi escribiendo, cogiendo al dictado, las palabras de Marta (se conoce que Marta si es católica y practicante). ¿Por qué lo hacías?
No se ha andado por las ramas el cura. Realmente si tenía prisa. Le expliqué muy brevemente el por qué:
— Soy amanuense, padre. O al menos lo intento para ver si algún día me convierto en uno profesional.
— Interesante, justo lo que necesitaba. — por un momento pensé que era una broma, aunque también que por fin podría copiar algún texto antiguo. En el fondo creo que es que más me llama la atención de este oficio. La ilusión se acabó en cuanto el cura volvió a hablar
— Llevo unos días con muchas ideas en la cabeza y no soy capaz de concretarlas. Me da un poco de vergüenza acudir a la confesión con un compañero, pues ni siquiera creo que sea un pecado todo lo que pienso. Y escribirlo no me funciona como otras veces. Me bloqueo. ¿Puedes ayudarme y pasarte después de misa por la sacristía?
De verdad que el cura no se andaba con rodeos. En un par de frases me había invitado a su cuarto privado. Siempre he creído que lo más privado de una iglesia, al menos para el cura, es la sacristía. En ella, aunque haga el papel de Padre, nunca oficia que es, por decirlo de alguna manera, la cara que da a su público.
— Por supuesto padre, soy un amanuense y creo que lo que me pide es parte de mi oficio. Pero prefiero que sea en mi parroquia. No entro a las iglesias. Me lo prohíbe mi religión.
El cura se rió con mi chiste. Pero se ha cortado enseguida.
— ¿Cuál es tu parroquia?
Le he señalado el bar que hay enfrente de su iglesia, justo a mi espalda.
— De acuerdo, nos vemos ahí después de misa.
Después de eso, sin decir nada más, ha desaparecido por la puerta de la iglesia. Me ha ofendido un poco, pero he pensado que el hombre realmente tenía prisa.
Cuando he entrado por la puerta el párroco ya estaba sentado en la mesa.
— Buenas Padre, si que es usted puntual. Yo por desgracia no es una virtud de la que pueda presumir.
— Es algo que se aprende con la práctica.
Me he reído con la gracia. No mucho, pues aun recordaba que él tampoco se había reído demasiado con mi chiste en la puerta de la iglesia.
— Usted dirá Padre qué quiere dictarme.
— No te andas por las ramas. Eso casi es una especie de puntualidad.
Con la segunda broma si he podido reírme de verdad.
— Se puede ver así. Quién sabe, a lo mejor este oficio también me sirve para mejorar como persona.
— Quién sabe, Hijo. Quién sabe.
Esta es una de las causas por las que evito hablar con hombres de dios. Te aplican apelativos que nadie te dice, ni tus padres, desde hace tiempo. Sé que les pasa por que los usan de forma común, pero creo que no es una buena forma de comenzar una conversación.
— Bueno pues entonces dígame.
— Como quieras, pero antes pediré unas cervezas.
Me ha confundido que dijera “como quieras”. ¿No se supone que ha sido él, el que me ha pedido que hiciera de amanuense? O era una forma de hablar, o el cura jugaba a otra cosa. Aunque cuando han llegado las cervezas y ha empezado a hablar me he olvidado de todo.
Copio:
“Me imagino que no sabrás que soy nuevo en la parroquia pues sé que no eres uno de mis parroquianos.
(Sé que esto un amanuense profesional no lo haría [lo de abrir paréntesis y corchetes dentro de una trascripción] pero es para deciros que en ese momento casi me levanto. Sé que hubiera sido muy poco profesional pero es que su primera frase me ha confirmado que no jugaba limpio. Es decir que no solo quería hacerme un dictado. Sino a cuento de qué lo de sacar a relucir mi no asistencia a su templo. Buen en fin que sigo con la trascripción).
Pero bueno tampoco es importante que no lo seas. Casi mejor.
(también es cierto que esto me ha hecho cambiar de opinión)
Como te he dicho llevo poco tiempo en esta parroquia. Tres meses para ser exactos, más o menos. Cuando llegué me extrañó mucho los parroquianos de mi nuevo Templo. No sé como decirlo. Todos tenían algo común y no me refiero al alma. No sé, era algo diferente, un gesto, una especie de rictus en la cara. No, no era eso exactamente, era más bien como las semejanzas que tienen los rostros de los viejos matrimonios. Oí una vez que a fuerza de estar juntos, las parejas acaban pareciéndose, por eso de imitar los gestos y muecas de tu amado.
Yo pensaba que iba a poder acostumbrarme a los parroquianos, a ese gesto común en todos, pero ya no estoy tan seguro. Incluso no sé si lo quiero, pues ahora es algo que me asusta, por decirlo de alguna manera. Esto me pasa desde que descubrí el origen, el mínimo común denominador del rostro de mis feligreses (os informo que el cura también es profesor de matemáticas y casi las ama más que a dios, esto me lo confesó tras tres cervezas). Aquella cosa en común procedía del anterior cura, del que oficiaba antes que yo.
Le conocí hace una semana. Vino a ver su antigua iglesia y a sus antiguos parroquianos. Eso no es costumbre pero algunos curas, si han cogido afecto a su feligresía, se pasan de vez en cuando a visitarlos. A mi no es que me moleste, uno ante todo es hombre y no puede evitar guardar afecto a sus antiguos feligreses, aunque es cierto que Dios dijo de amar a todos por igual. En fin que el antiguo párroco se presentó allí sin avisar justo al acabar la misa. Aun así, compartí con él el saludo que doy a la salida de la iglesia.
Fue entonces cuando me di cuenta que era lo que tenía en común todos los parroquianos. Allí estaba, delante mis ojos, sin ningún tipo de lugar a dudas. El denominador común era él: el viejo párroco. O más bien, para ser más exactos, un alo de su rostro.
Se conoce que con el paso de los años, y el amor que le profesan, los feligreses han acabando adquiriendo cierto gesto en sus rostros que se asemeja al del cura. Al principio me pareció muy tierno. Incluso me invadió algo de envidia de la que ya me he confesado. Pero al rato, después de mirarle muy fijamente, me preocupó. El hombre, que Dios me perdone, era muy feo, realmente feo. Y eso me preocupó. ¿Y si yo, con el paso de los años, acabo también con el mismo gesto? Es decir si se lo ha trasmitido a ellos, ¿qué le impide llegar el gesto a mí, por medio de los feligreses? Yo amó a mis feligreses casi con la misma devoción que amo a Dios, y esto podría hacer que mi rostro mutara, por decirlo de alguna manera, hacia el de cura anterior.
En fin como ves no se puede decir que sea un pecado. Al menos uno por el que acudir a confesión. Lo hubiera escrito yo mismo para buscarle solución, reírme de ello un poco o lo que sea, pero no sé por que razón cada vez que lo intentaba me bloqueaba. Debe ser el miedo a la página en blanco que dicen que tienen los escritores. Bueno… con ello no quiero decir que yo lo sea. Aunque lo intento. Pero bueno eso es otra historia.”
Podría seguir transcribiendo. De hecho he copiado mucho más, aunque no se entiende demasiado (creo que ha sido culpa de las cervezas), pero como ha dicho el cura: “eso es otra historia”. Yo creo que lo único que quería hacer el cura era hablar un poco (y mal) del anterior párroco y, como no podía hacerlo por razones obvias con ninguno de los feligreses, ha decidido hacerlo conmigo. Incluso hemos estado un rato después del dictado hablando.
En el fondo compadezco al pobre cura. No por que el suyo sea un grave problema, sino por que el pobre no se había dado cuenta de que su preocupación tenía una segunda visión: también puede ser él el que mute el rostro de todos los feligreses y no ellos el suyo. Así seguro que evita la maldición del rostro del cura anterior. Sino le queda aun otra solución: estar atento para que esa mutación sea la mínima y lo mejor posible (hay personas fea, o con gestos desagradables, a las que, aplicando la misma teoría de la doble visión, se le puede sacar un lado bueno). Aunque yo creo que toda la culpa la tiene el exceso de información. Es decir ¿a cuento de qué, el pobre cura se pone a ver documentales sobre rostros iguales y todas esas cosas, si luego no le van a crear más que una estúpida preocupación?
Me ha confundido que dijera “como quieras”. ¿No se supone que ha sido él, el que me ha pedido que hiciera de amanuense? O era una forma de hablar, o el cura jugaba a otra cosa. Aunque cuando han llegado las cervezas y ha empezado a hablar me he olvidado de todo.
Copio:
“Me imagino que no sabrás que soy nuevo en la parroquia pues sé que no eres uno de mis parroquianos.
(Sé que esto un amanuense profesional no lo haría [lo de abrir paréntesis y corchetes dentro de una trascripción] pero es para deciros que en ese momento casi me levanto. Sé que hubiera sido muy poco profesional pero es que su primera frase me ha confirmado que no jugaba limpio. Es decir que no solo quería hacerme un dictado. Sino a cuento de qué lo de sacar a relucir mi no asistencia a su templo. Buen en fin que sigo con la trascripción).
Pero bueno tampoco es importante que no lo seas. Casi mejor.
(también es cierto que esto me ha hecho cambiar de opinión)
Como te he dicho llevo poco tiempo en esta parroquia. Tres meses para ser exactos, más o menos. Cuando llegué me extrañó mucho los parroquianos de mi nuevo Templo. No sé como decirlo. Todos tenían algo común y no me refiero al alma. No sé, era algo diferente, un gesto, una especie de rictus en la cara. No, no era eso exactamente, era más bien como las semejanzas que tienen los rostros de los viejos matrimonios. Oí una vez que a fuerza de estar juntos, las parejas acaban pareciéndose, por eso de imitar los gestos y muecas de tu amado.
Yo pensaba que iba a poder acostumbrarme a los parroquianos, a ese gesto común en todos, pero ya no estoy tan seguro. Incluso no sé si lo quiero, pues ahora es algo que me asusta, por decirlo de alguna manera. Esto me pasa desde que descubrí el origen, el mínimo común denominador del rostro de mis feligreses (os informo que el cura también es profesor de matemáticas y casi las ama más que a dios, esto me lo confesó tras tres cervezas). Aquella cosa en común procedía del anterior cura, del que oficiaba antes que yo.
Le conocí hace una semana. Vino a ver su antigua iglesia y a sus antiguos parroquianos. Eso no es costumbre pero algunos curas, si han cogido afecto a su feligresía, se pasan de vez en cuando a visitarlos. A mi no es que me moleste, uno ante todo es hombre y no puede evitar guardar afecto a sus antiguos feligreses, aunque es cierto que Dios dijo de amar a todos por igual. En fin que el antiguo párroco se presentó allí sin avisar justo al acabar la misa. Aun así, compartí con él el saludo que doy a la salida de la iglesia.
Fue entonces cuando me di cuenta que era lo que tenía en común todos los parroquianos. Allí estaba, delante mis ojos, sin ningún tipo de lugar a dudas. El denominador común era él: el viejo párroco. O más bien, para ser más exactos, un alo de su rostro.
Se conoce que con el paso de los años, y el amor que le profesan, los feligreses han acabando adquiriendo cierto gesto en sus rostros que se asemeja al del cura. Al principio me pareció muy tierno. Incluso me invadió algo de envidia de la que ya me he confesado. Pero al rato, después de mirarle muy fijamente, me preocupó. El hombre, que Dios me perdone, era muy feo, realmente feo. Y eso me preocupó. ¿Y si yo, con el paso de los años, acabo también con el mismo gesto? Es decir si se lo ha trasmitido a ellos, ¿qué le impide llegar el gesto a mí, por medio de los feligreses? Yo amó a mis feligreses casi con la misma devoción que amo a Dios, y esto podría hacer que mi rostro mutara, por decirlo de alguna manera, hacia el de cura anterior.
En fin como ves no se puede decir que sea un pecado. Al menos uno por el que acudir a confesión. Lo hubiera escrito yo mismo para buscarle solución, reírme de ello un poco o lo que sea, pero no sé por que razón cada vez que lo intentaba me bloqueaba. Debe ser el miedo a la página en blanco que dicen que tienen los escritores. Bueno… con ello no quiero decir que yo lo sea. Aunque lo intento. Pero bueno eso es otra historia.”
Podría seguir transcribiendo. De hecho he copiado mucho más, aunque no se entiende demasiado (creo que ha sido culpa de las cervezas), pero como ha dicho el cura: “eso es otra historia”. Yo creo que lo único que quería hacer el cura era hablar un poco (y mal) del anterior párroco y, como no podía hacerlo por razones obvias con ninguno de los feligreses, ha decidido hacerlo conmigo. Incluso hemos estado un rato después del dictado hablando.
En el fondo compadezco al pobre cura. No por que el suyo sea un grave problema, sino por que el pobre no se había dado cuenta de que su preocupación tenía una segunda visión: también puede ser él el que mute el rostro de todos los feligreses y no ellos el suyo. Así seguro que evita la maldición del rostro del cura anterior. Sino le queda aun otra solución: estar atento para que esa mutación sea la mínima y lo mejor posible (hay personas fea, o con gestos desagradables, a las que, aplicando la misma teoría de la doble visión, se le puede sacar un lado bueno). Aunque yo creo que toda la culpa la tiene el exceso de información. Es decir ¿a cuento de qué, el pobre cura se pone a ver documentales sobre rostros iguales y todas esas cosas, si luego no le van a crear más que una estúpida preocupación?
5 comentarios:
Curioso lo del cura y los feligreses mutantes (podría ser el nombre una una película de serie F). En fin, lo realmente sorprendente ya lo comentas amigo amanuense....(te cito)"sino por que el pobre no se había dado cuenta de que su preocupación tenía una segunda visión: también puede ser él el que mute el rostro de todos los feligreses y no ellos el suyo."
En el fondo podemos ver que los "hombres de Dios", ante todo son hombres..
Saludos
Gracias Bizkaitarra por tu comentario.
Para mi es como si fuera el primero. Aunque me dejaron uno para mi primera instantanea, no pareció muy halagüeño y ademas lo dejó un anónimo. No es que tenga nada en contra de los anónimos (sé que hay gente a la que no le gusta mostrarse en publico, al menos sus opiniones) pero prefiero que la gente dé la cara. Es una cuestión de higiene en la comunicación. Como le llamo para darle las gracias, señor, señorita, temo equivocarme y que se lo tome a mal.
Quizas, haciendo caso de tu comentario, debería pensar que "ante todo es un hombre" y agradecerselo sin más. Quizás un día lo haga.
Por ahora me conformo con dartelas de nuevo a ti "hombre de dios".
Un abrazo
Es una gran historia. Y pienso que las palabras del cura, en la otra iglesia, tiene todos los rasgos de una confesión. Por lo cual, sería una penitencia lo que le podría librar del fantasma.
Tienes un gran blog.
Abrazos
Buenas hormiguita y gracias por tu comentario.
Aunque creo el cura no hará mayor penitencia que la de contarnos alguna que otra cosa más aquí. O eso espero.
Tengo ganas de saber más sobre la historia esa de los rostros mutantes (que como dice bizkaitarra tiene pinta de pelicula de miedo de serie F o más). Aunque no sé cuanto de cierto tiene. No me fio mucho de las cosas que salen en televisión.
Un abrazo y gracias por pasarte por aquí.
pues con retraso...((no mucho,porque CACHO VAGO no has sido capaz de escribir nada más desde el últio día...jajajaja...)),aquí estoy, para dejarte un cutre mensaje sin sentido y lógica, en este tu nuevo blog...
a)voy a criticar:tu amiga Marta((o tú :P ))...se equivocó a la hora de pensar que Jacinto era el hermano mayor de Marta,no??...si la mujer vivía con la madre de Marta y la niña...con quién vive Jacinto??...jajajaja...
b)no estoy de acuerdo en el que el sonido de las p**** campanas de la iglesia suenen afeminadas...ojalá así fuera!!...dejaría de tener ese sonido en mi mente cada sábado y domingo que tengo que despertarme a las 12.oo de la mañana, para ir a trabajar...
c)deja de transcribir a curar y niñeras de la tienda sueca, y transcribe a una persona especial y con cantidad de experiencia...como soy yo...jajajaja...por cierto...si no has transcribido nada antes...ha sido porque a mí no me has preguntado!!sabes que yo estaré encantada de hacerme popular!!no entro en ese programa televisivo en el que abundan las cámaras y no la convivencia,porque sé de una mujer que sufriría...no sería capaz de ver este programa viendo a su "niña"... ;)
sin más...y con un comentario jocoso, por fin...
un besazo hermanito!!
Jéssica*
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